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La batalla por las PASO: ¿reforma electoral o estrategia de supervivencia política?

El gobierno impulsa una reforma electoral clave: la eliminación de las Primarias Abiertas, Simultáneas y Obligatorias (PASO). Esta iniciativa, negociada con gobernadores incluso fuera del país, genera una profunda polarización y plantea serias dudas sobre la transparencia, la representatividad y el futuro del sistema político argentino.

Grupo Editorial BC
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La batalla por las PASO: ¿reforma electoral o estrategia de supervivencia política?

Una movida central: el gobierno en la cruzada por las PASO

En un escenario de alta tensión política y económica, el gobierno ha puesto en el centro de su agenda la eliminación de las Primarias Abiertas, Simultáneas y Obligatorias (PASO). Lo que a primera vista podría parecer una reforma de índole técnica o presupuestaria, se revela como una jugada maestra –o arriesgada– que busca reconfigurar el tablero electoral y, con ello, las dinámicas de poder en Argentina. Las negociaciones no solo se dan en los pasillos del Congreso, sino que incluso han trascendido fronteras, con reuniones de alto nivel en París donde se discute el destino de estas elecciones internas.

La propuesta oficial llega en un momento de ebullición, con el riesgo país tocando niveles máximos en el último año y con el oficialismo responsabilizando a la oposición por la inestabilidad. Este contexto económico añade una capa de complejidad a una discusión que ya es de por sí trascendental, haciendo que la reforma electoral no pueda ser disociada del panorama general que atraviesa el país.

Contexto y justificaciones oficiales

Desde el Ejecutivo, los argumentos a favor de la eliminación de las PASO suelen centrarse en la necesidad de ahorrar recursos en un contexto de austeridad fiscal y en la supuesta ineficiencia de un sistema que, en varias ocasiones, no cumple su función de ordenar la interna partidaria o termina siendo una 'primera vuelta' de la elección general. Se sostiene que el mecanismo ha desvirtuado su objetivo original y que su costo es demasiado alto para los resultados que arroja.

Sin embargo, la crítica no se limita a lo económico. Hay quienes argumentan que las PASO, al abrir las internas a todo el padrón, diluyen la identidad partidaria y fuerzan a los frentes políticos a conformar listas heterogéneas que, una vez superada la instancia primaria, generan tensiones y dificultan la gobernabilidad. Para el oficialismo, la supresión de este escalón electoral podría simplificar el proceso y, quizás, permitir una mayor cohesión de las fuerzas políticas.

Un mapa político polarizado y negociaciones bajo la mesa

La iniciativa, como era de esperarse, ha encontrado una fuerte resistencia en sectores de la oposición. Mientras algunos gobernadores, incluyendo figuras del propio espacio opositor como Jorge Macri, ya han manifestado sus reservas o directamente su rechazo a abordar una reforma electoral “para la elección que viene”, otros parecen dispuestos a negociar. El peronismo, por su parte, está haciendo sus propios “cálculos sin PASO”, lo que sugiere que se preparan para un escenario donde las reglas del juego cambien drásticamente.

La revelación de que estas negociaciones se dan incluso en el marco de eventos internacionales, como la “Argentina Week” en París, donde también se habló de inversiones energéticas, muestra la envergadura de la apuesta. La mención de la “Ley de Tierras” como posible “moneda de cambio” es particularmente reveladora. Esto no es solo un debate sobre el formato de una elección, sino una intrincada danza de intereses y quid pro quos donde se intercambian favores legislativos y se redefinen alianzas. ¿Qué significa para la transparencia de nuestra gestión pública que decisiones tan sensibles sean parte de un paquete de negociaciones, lejos del escrutinio público habitual?

Las consecuencias en juego: democracia, representatividad y gobernabilidad

La eliminación de las PASO, de concretarse, podría tener consecuencias profundas en el sistema político argentino. Desde una perspectiva democrática, surge la pregunta de si la supresión de una instancia de participación ciudadana para la selección de candidatos no resta legitimidad a los procesos internos de los partidos y a la representatividad en general. ¿Se estaría centralizando aún más el poder de las cúpulas partidarias, limitando la voz de las minorías y las expresiones renovadoras?

En cuanto a la gobernabilidad, algunos sostienen que, al evitar desgastantes internas, se podría llegar a la elección general con partidos más unificados. Sin embargo, otros argumentan que la falta de un mecanismo claro para resolver diferencias internas podría derivar en divisiones más profundas y menos gestionables, o en candidaturas que no representen genuinamente el sentir de las bases partidarias. El sistema electoral es el andamiaje sobre el que se construye la representación política, y cualquier modificación sustancial tiene la capacidad de alterar este equilibrio.

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El camino de la política argentina está hoy marcado por esta disputa central. La eliminación de las PASO es mucho más que un ajuste técnico; es un reordenamiento de fuerzas que definirá no solo quiénes serán los próximos candidatos, sino también cómo se construirá el poder en los años venideros. La discusión se instala no solo en la órbita del gobierno y la administración pública, sino en el corazón mismo de la transparencia y la calidad de nuestra democracia.